Álbum: 1977

Artista: Vílchez Huamán

Sello: Descabellado

Nacionalidad: Peruana

Calificación: 5/10

Escribe: Francisco Melgar Wong

No es tarea fácil entender cuál es la intención artística detrás del primer disco solista de Vílchez Huamán. A grandes rasgos, se trata de un álbum donde los elementos musicales no logran definir su carácter y se combinan con poca lucidez y poca profundidad. Por ejemplo, en el corte que abre el disco, Huamán busca seguir una suerte de rima y acaba enumerando lugares comunes que contradicen lo que la canción –a gritos- es. Cito: ‘esta canción no fue compuesta / prefiere ser honesta / y nos canta que sigue descompuesta / esta canción no tiene coro / y pierde el decoro / cuando le dicen de protesta’. Anestesiado por unos teclados de aire ambient, el oyente podría decidir dejarse llevar por la atmósfera onírica que la música está planteando, pero de pronto se ve agobiado por preguntas como éstas: ¿cómo es que esta canción no fue compuesta?, ¿cómo es eso que sigue descompuesta?, y lo peor de todo: ¿cómo hace una canción para perder el decoro? Perder el decoro nos hace pensar, casi de inmediato, en una muchacha salida de una novela de comienzos del siglo XX, no en una canción de comienzos del siglo XXI que abre un álbum que lleva como título el año en que estalló el punk. Y bueno, una vez que uno empieza a hacerse preguntas como éstas la canción misma empieza a perder sentido. O, lo que es más grave, uno empieza a darse cuenta que estas son preguntas que no tienen una respuesta, sino que fueron hechas simplemente porque hay un supuesto aire poético detrás de ellas, y es ahí que nos damos cuenta que la canción, tal como está hecha, no tiene mucho sentido. 

‘Esta canción no tiene fin ni cometido es una canción que simplemente va’, recita Huamán, y si nos dejamos guiar por su sentido de la rima, al final de la frase “esta canción con las justas respira, resbala, pero se vuelve a levantar y grita…” hasta podemos escuchar a la bendita canción gritar ‘ay’. Y este humor involuntario es otro problema que se percibe en varios momentos del disco. 

En la siguiente canción, 1977, sobre una suerte de ska discotequero, Huamán se pregunta: ‘¿Quién, yo?’, pero uno no tiene idea del motivo que hace surgir estas preguntas, que parecen ser gestos completamente gratuitos. Hasta que al minuto y veintitantos segundos surge la voz de un robot que le dice, con aire de dibujo animado: ‘SÍ, ¡TÚ!’. La aparición de esta voz robótica –que podría ser una suerte de versión en historieta de Darth Vader- bien podría provocar nuestra risa, pero el contrapunto que le hace la voz de Huamán nos confunde, porque al parecer el tono de la canción es bastante serio. Ahora bien, si los momentos de humor involuntario son los momentos más memorables de un disco, aquí hay algo que ciertamente no anda bien.

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