Título: Katalaxia

Artista: Grita Lobos

Sello: A Tutiplén

Año: 2017

Nacionalidad: peruana

Calificación: 8/10

Escribe: Francisco Melgar Wong

Si vamos a usar referencias para darle sentido a lo que oímos empezaré señalando que el inicio de Katalaxia me recuerda el inicio de Radioactivity: golpes de ritmo entrecortado que parecen surgir de la nada, como las luces que aparecen de improviso en el radar de un barco que llega a la Antártida o de una nave que se acerca a una luna de Saturno. De pronto aparecen esos redobles ligeros, como los pasos de algún insecto (o del holograma de algún insecto) que podrían remitirnos al pasaje intermedio de Autobahn. Pero, vamos, empezar a nombrar bandas y discos tampoco nos dice demasiado sobre lo que está ocurriendo en este, el segundo álbum de Grita Lobos.

¿Qué hay detrás de esos latidos electrónicos que comparten Radioactivity, Autobahn y Katalaxia? Pues, para empezar, tenemos un ritmo, y antes de que podamos decir achtung! ya estamos viajando sobre él. Eso es lo primero, teníamos silencio, ahora tenemos un viaje. Y sobre el devenir de ese viaje, Grita Lobos empieza a construir el paisaje, un paisaje sonoro, por supuesto. Pero cuando la guitarra de Efrén Castillo irrumpe en el paisaje sus acordes se convierten en personajes y estos personajes, a su vez, convierten el paisaje en un escenario. ¿Disco de ambient? Descarta esa posibilidad. Al parecer tenemos un soundtrack. Un soundtrack hecho de distintas pistas que son piezas que a su vez son estilos, géneros y sub-géneros. Un soundtrack para entrar en movimiento. Podría ser un movimiento exterior. Podríamos subirnos a un taxi en medio de la noche y dejar que las luces que pasan por la ventana se asocien con las pulsaciones del disco. Ambas están hechas de electricidad y pretenden echar luz donde antes había oscuridad. O silencio. Pero el viaje también podría ser interior, como el que produce el ayahuasca o algún alucinógeno.

Quizás no sea casual que las texturas de los teclados que aparecen en el segundo tema (nuevos personajes) sean ásperas, como el telón de fondo de las ciudades, o como las verdades que aparecen ante nosotros cuando la planta empieza a hacer efecto. Al llegar al tercer tema, titulado ‘La soga de los espíritus’ la atmósfera se torna opresiva y ominosa. Es el momento en el que algunos se levantan y se marchan del cine. Pero si la película es tu tipo de película, aprovecharás el momento para sumergirte en las imágenes y afrontar lo que tenga que venir. El cuarto tema, ‘Kamarampi’ tiene ritmos sincopados, lo cual implica que Grita Lobos quiere hacernos mover las caderas. Casi sin darnos cuenta, nuestro transporte se ha detenido y estamos de pie, bailando, o dando nuestros primeros pasos de baile, un poco entumecidos después de haber viajado por quién sabe cuánto tiempo.

En ‘The Far East’ el viaje y el baile se hacen uno y la voz de Katia De La Cruz presagia una suerte de canción. Este es, en mi opinión, el mejor momento del disco. O, para decirlo de otra manera, el momento en el que el disco cobra mayor sentido. Las texturas y los ritmos que fueron apareciendo a lo largo de las primeras canciones se entrelazan y forman una unidad con la voz de De La Cruz y un cierto orden o desenlace parece aparecer ante nosotros. Quizás por eso la última canción, ‘Katallaso’, parece irrumpir con demasiada fuerza, desentonando un poco con la resolución que la música ya había encontrado. Es un final exigente: una nota pedal matizada con algunos contornos disonantes que podría llevar a algunos a apagar el disco antes de llegar al final. Y a otros, a aquellos que presumen de sus credenciales avant-garde, a asumir sin reparos su grandeza.

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