Título: “La cultura del tributo”

Artista: Teleférico

Sello: Independiente

Año: 2017

Calificación: 8/10

Escribe: Oscar Bermeo

Con relativa frecuencia en los trabajos más personales de Christian Vargas (ya sea en Abrelatas o Teleférico) se buscan rezagos de su paso por Electro Z. La alusión a la banda que reformuló el sonido local a fines de los 90 suena a muletilla pero también tiene algo de justo reconocimiento. Esa aparición en el crepúsculo del siglo XX no pareció casual. Había necesidad de anunciar lo que se venía. Para la escena local Electro Z significó un parteaguas entre lo viejo transitado y un sonido indecible, que apenas empezaba a explayarse.

Con una producción interesante a cuestas, Vargas hace rato demostró que no es sólo el ex baterista de un grupo decisivo. A partir de su incesante participación en diversos proyectos colectivos (Kinder, Los Zapping, etc) o solistas, ha sido uno de los que más a abonado al crecimiento de aquella senda abierta a fines de los 90. Aquel ‘indie rock’, ‘ruidismo melódico’, ‘Noise armónico’ o cualquier vertiente similar, encontró diversos continuadores y Vargas estuvo muy presente en ese movimiento.

Casi dos décadas después de Electro Z es interesante ver dónde está hoy el verdadero espíritu de experimentación. Porque esa ruptura que significó la aparición de una textura sonora a partir del juego de las distorsiones, efectos y un lirismo despreocupado se ha vuelto un estilo que corre el riesgo de simplificarse en su repetición.

En “La cultura del tributo” (el nuevo disco de Teleférico), el multinstrumentista Vargas apuesta por una batería muy presente y la liberación de las guitarras. Quizás como para salir de la fórmula de un pauteado estilo, aquí la potencia liberadora es lo que manda. Incluso se anima a lanzar canciones radicalmente distintas entre sí. “Confesiones” y “Silencio” aparecen a medio playlist, como un paliativo a esa vitalidad desenfrenada mostrada en los primeros tracks. Más adelante, “Gelsomina” nos demuestra que lo digerible puede también ser mounstruosamente bello.

La maleabilidad de Teleférico, con guitarras ya completamente descarriladas, alcanza un punto alto en “Turquesa”, cuando los sonidos distorsionados se entrecuzan para crear una atmósfera propia, turbia y espesa, pero que no satura. Al cierre llega “Demencia”, que nos recuerda el poder de seducción que podía tener Abrelatas.

La versatilidad que encontramos en los ocho tracks muestran que el inquieto espíritu de Vargas por probar, ensayar y errar, – experimentar- sigue vigente, pese a cargar con nombres de grandes bandas encima.  Así, se entiende este álbum como un tributo a la exploración.

Puede escuchar el disco completo aquí

 

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