Un artículo sobre Zamba Puta, el nuevo disco de La Lá, y también sobre la escena limeña de indie folk.

Título: “Zamba puta”

Artista: La Lá

Sello: Independiente

Año: 2017

Calificación: 9/10

Por Francisco Melgar Wong

Desde hace ya un buen tiempo –cinco años, por lo menos– los medios locales se valen del término indie folk para referirse a los artistas que, en el marco de una sensibilidad cosmopolita y contemporánea, apelan a sonoridades tradicionales y al uso de instrumentos acústicos en sus conciertos y grabaciones. Hay tres artistas locales que, en particular, son catalogados como indie folk: Kanaku y el Tigre, Alejandro y María Laura y La Lá. Ahora bien, uno podría preguntarse: ¿cuál es el fundamento para esta categorización? Bueno, sabemos que el término indie es aplicado por la prensa de un modo indiscriminado a todo lo que le suene joven y novedoso; y esta es, en mayor o menor medida, una característica que estos tres artistas comparten. Pero, ¿qué es lo que lleva a los medios a catalogarlos como folk? Si repasamos las características que se asocian tradicionalmente con la música folk, notaremos que existen algunos atributos que han estado presentes en las propuestas musicales de estos tres artistas en un momento u otro de sus carreras.

Podríamos empezar recordando la importancia que la noción de autenticidad tiene en la música folk. Esta idea se ha manifestado en incontables ocasiones en la conexión entre los músicos y una comunidad rural, poseedora de una inocencia primigenia, que aún no ha sido pervertida por el hombre moderno; un ejemplo de ello son las grabaciones de campo que se hacen en las comunidades rurales alejadas de las grandes ciudades. Otra manifestación de la autenticidad folk es el tono confesional de cantautores como Bob Dylan y Joni Mitchell, cuya honestidad es valorada por sus seguidores como un atributo incuestionable. La autenticidad folk, claro está, también puede manifestarse en la práctica de músicas tradicionales, consideradas típicas de una comunidad o una región. Por supuesto, los grupos limeños del llamado indie folk deben estar conectados también con sonoridades globales y contemporáneas -este es el lado indie del asunto- pero, por lo general, también podemos encontrar en ellos alguna de estas marcas de autenticidad asociadas con el folk tradicional.

alejandro-y-maria-laura
Alejandro y María Laura

Por ejemplo, en el disco más reciente de Alejandro y María Laura, La casa no existe, encontramos ritmos y melodías andinas que han sido incorporadas a sonoridades contemporáneas. En el primer disco de Kanaku y el Tigre, Caracoles, nos topamos con la construcción de una sensibilidad ingenua insertada en el marco de una Lima idealizada. Vale la pena anotar que a diferencia de lo que ocurre en La casa no existe, los instrumentos tradicionales usados en Caracoles no son herramientas para rememorar valles serranos o paisajes bucólicos, sino pinceles –o, más bien, cámaras polaroid- con las que se bosquejan postales de gente relajada y sin preocupaciones que, según lo que dicen sus propias canciones, se mueven en un paisaje de ciclovías que cruzan San Isidro, Barranco y Miraflores. Claro, a pesar de no llevarnos a un paisaje remoto, situado quizás a orillas de un río serrano, las canciones del primer disco de Kanaku nos ofrecen un mundo idealizado, que aunque se encuentra insertado en la urbe, se halla aislado y protegido del ruido y la violencia de ésta, permitiendo así que sus habitantes mantengan cierta inocencia primigenia. Rosa, el primer disco de La Lá, podría asociarse con nuestra noción de autenticidad folk a través de una temática que se muestra sensible a la oposición entre la urbe y la naturaleza, y también, por supuesto, en el tono confesional de cantautora que se percibe a lo largo de todo el álbum.

Hago este preámbulo porque en los medios suele enfatizarse –quizás inconscientemente- las similitudes que existen entre estos tres artistas -músicos peruanos de indie folk, se dice- pero se descuidan las importantes diferencias que existen entre ellos. También me parece apropiado hacer estas aclaraciones porque en los últimos meses han aparecido los nuevos discos de Kanaku y el Tigre, Alejandro y María Laura y La Lá, donde la propuesta de estos tres artistas empieza a consolidarse o a tomar formas insospechadas. Creo que nuestras nociones de indie y de folk nos pueden ser de ayuda al momento de analizar estas nuevas propuestas.

¿Qué ocurre con La casa no existe?. Al usar sonoridades andinas en un marco contemporáneo, el disco más reciente de Alejandro y María Laura incorpora atributos que le añaden un ingrediente de autenticidad folk a sus sonoridades indies. Se trata, en mi opinión, de un disco que puede caer con relativa facilidad en la categoría de indie folk. Los discos más recientes de Kanaku y el Tigre y La Lá, por el contrario, son placas que problematizan y cuestionan el rótulo de indie folk que se les suele asignar a sus autores en los medios.

Kanaku-Y-El-Tigre-press-shot-1
Kanaku y el Tigre

En el disco más reciente de Kanaku y el Tigre, Quema Quema Quema, los instrumentos vintage y electrónicos han tomado el lugar de los instrumentos tradicionales que eran protagonistas en Caracoles. Ahora el componente folk no se expresa tanto en la música como en las letras, donde no cumple un rol de anclaje regional, sino más bien de un detalle de exotismo enfocado desde un punto de vista casi turístico: “Downtown Lima City life”, anuncia el cantante en la primera canción del disco, en medio de sonoridades modernas y transnacionales. Luego, en el segundo corte, canta: “calaveras y hueso de huaca como un libro olvidado que me habla” y se queda pegado en la palabra “habla” como si ese sonido fuese algo que lo tiene perturbado. En este disco la relación del cantante con la ciudad no es amable: “yo me mantengo al margen de tu ciudad”, se escucha en una canción, pero a diferencia del folk tradicional, el antídoto a esta alienación no está en una vuelta a la naturaleza, sino en escapar a otra ciudad, más colorida, más divertida: “dicen que allá, donde estás, hay color y diversión…le grité a tu avión sin poderte alcanzar”.  Podría decirse que en este disco de Kanaku y el Tigre lo indie le ha ganado a lo regional, y el elemento local se ha mantenido a flote sólo para darle un gusto exótico a una música que pretende ser internacional. Digo esto para ubicar a Kanaku y el Tigre dentro del paradigma del indie folk con el que se le suele asociar. La calidad de su música ya es otro asunto. Sólo diré que las mejores canciones de Quema Quema Quema son aquellas que tienen un carácter sicodélico y claramente anglosajón, como “Burn Burn Burn”.

LaLa2
La Lá

Zamba Puta, el disco más reciente de La Lá, es un disco que no tiene mucho de indie. Y si tiene de folk, lo tiene de una forma peculiar, muy distinta a la que se manifiesta en los discos de Kanaku y el Tigre y, hasta cierto punto, también en los de Alejandro y María Laura.

Hagamos memoria. En Rosa, su primer álbum, La Lá trabajó con una orquestación escueta de voz y guitarra que permitió asociarla con ciertas sonoridades tradicionales de la música folk. En este segundo disco el asunto es mucho más complejo, ya que estética y estilísticamente Zamba Puta se encuentra en varios lugares al mismo tiempo.

Los primeros compases de la primera canción, “Bebés”, nos remiten de inmediato a las sonoridades del jazz de los años 60. La batería, el contrabajo y una guitarra acústica que toma el lugar ocupado tradicionalmente por el piano se conjugan como una versión más ordenada y minimalista del periodo de oro de Miles y Coltrane. El hecho de que la letra de la canción tenga, además, un matiz confesional la emparenta rápidamente con los discos de folk jazz que Joni Mithcell hizo a mediados de los años 70. ¿Indie? No veo por dónde.

Una anotación necesaria con respecto a “Bebés” es que desde el inicio del disco queda claro que La Lá está controlando sus figuras vocales como no lo había hecho en Rosa. El oyente puede notar de inmediato que se trata de una cantante que juega mejor sus cartas, con una mayor economía de recursos. En esta canción en particular, los despliegues vocales se reservan para el final, donde una melodía sin letra le sigue de manera muy adecuada a la frase: “El mundo no vale nada, todo lo que quiero es mirar tu luz danzarina”. Esta canción es, sin lugar a dudas, uno de los puntos más altos del disco.

La Lá

La segunda canción, “Caramelo”, es un momento de frescura que hubiera sido impensable en Rosa. Se trata del tema más pop de toda la placa. La canción que le sigue, “Cornamenta”, nos recuerda a la MPB brasilera, en especial a los discos de mediados de los 90 de Marisa Monte. Esto no es un demérito, la canción de La Lá adopta este estilo pero sale airosa de la prueba. “Linda Bler”, la quinta canción del disco, también guarda relación con este estilo pero no considero que esté tan lograda como “Cornamenta”. “Primor”, la cuarta canción, nos recuerda las canciones despojadas y minimalistas de Rosa, pero en el marco de los temas musicalmente expansivos y ambiciosos que la rodean, suena un poco como un retroceso. “Leche tibia”, por otro lado, es una buena canción de rock que podría llevar a La Lá a aparecer en un compilado junto con bandas como Los Zapping o El Hombre Misterioso sin desentonar ni salir magullada de la experiencia.

La última canción del disco es, junto con la primera, una verdadera joya. Se trata de “La felicidad”, un elegante vals criollo deudor (en lírica y en contornos vocales) de Chabuca Granda. Esta deuda con Chabuca es doblemente interesante porque el arreglo de corno francés al final del tema nos recuerda los arreglos que el español Ricardo Miralles le hizo a las canciones de Tarimba Negra, el último gran disco de la recordada compositora peruana. En este sentido la canción de La Lá se siente como un tributo, pero también como la continuación de una visión artística que se perdió entre la música criolla de peña y el estilo internacional que Eva Ayllón impuso desde los años 90. Zamba Puta no es un disco perfecto, pero sus puntos más altos lo convierten en un disco particularmente notable.

A modo de epílogo: ¿podría decirse que Zamba Puta es un disco de lo que se suele llamar indie folk? Personalmente, no encuentro mucho de indie en estas canciones. Para empezar, no tiene el impulso de ser joven y contemporáneo que se nota claramente en el Quema Quema Quema de Kanaku y el Tigre. Pienso que en un sentido tradicional, tampoco tiene mucho de folk. No es un disco donde haya una declaración de identidad regional y tampoco es un disco estrictamente de cantautor como lo fue Rosa. Zamba Puta es, más bien, un disco que se va insertando en distintas tradiciones musicales nacionales e internacionales (folk jazz, MPB, vals criollo, rock) y lo hace con éxito desde sus propias particularidades. En este sentido, sin perder su propia voz, La Lá ha logrado contribuir al repertorio de estos sólidos estilos musicales. En lugar de pensar en ella como indie, folk o indie folk, pensemos que La Lá se ha convertido en una neoclasicista de la música popular.

Anuncios