Título: La casa no existe

Artista: Alejandro y María Laura

Sello: Independiente

Nacionalidad: Peruana

Año: 2017

Calificación: 8/10

Escribe: Francisco Melgar Wong

“Y aquí sigue sonando el mismo vals” dice la letra de una canción de La casa no existe, el disco más reciente de Alejandro y María Laura. El verso es relevante porque los momentos más ambiciosos y logrados de este álbum son aquellos donde los ritmos, las melodías y las sonoridades de diversos géneros musicales se mezclan libremente para renovarse y adquirir nuevas luces. La segunda canción del disco, “Agüita del equilibrio”, empieza con un ritmo y un fraseo vocal que nos remiten de inmediato al huaino, hasta que llega la segunda sección del tema, que parece una cumbia amazónica interpretada por Chicha Libre o Marc Ribot. De hecho, una de las virtudes de esta canción es que la mezcla de estilos musicales no suena ni tosca ni forzada, sino bastante fluida y natural. Algo muy similar ocurre en “De tronco en tronco”, la sexta canción del disco, que se inicia con una guitarra de sonoridades folk sobre un compás de 2/4, a la que rápidamente se le suman voces y una sección de vientos. Tras un puente, el mismo compás sirve de base para que entre el coro de un huaino que lleva a la canción de un ambiente solitario al de una fiesta al aire libre. Al final, la sección inicial (la indie folk) se superpone con el huaino creando, quizás, el momento más potente y logrado de toda la placa. No hay duda de que en estas canciones no suena el mismo vals. En ellas encontramos un impulso modernista por quebrar la tradición y de crear algo nuevo sin faltarle el respeto al pasado.

Otro momento interesante de La casa no existe lo encontramos en dos canciones de indie rock: “Las últimas luces del día” y “La película”. En la primera se percibe un aire a la etapa tardía de Wilco –con esa batería comprimida y contenida que Glenn Kotche llevó a la banda- aunque interpretada por el fantasma de Luis Alberto Spinetta, que es, sin lugar a dudas, una de las mayores influencias de Alejandro  María Laura. Por su parte, “La película” se inicia con una cadencia romántica en el piano que no tarda en mutar gracias a una sección de cuerdas llena de cromatismos que le dan una atmósfera misteriosa y ominosa. Es realmente notable que la frase más importante de este tema sea “yo sólo quiero que sientas lo que yo sentí cuando la vi”, porque esta visión personal a la que se refiere la letra del tema parece ser lo que quieren transmitir las disonancias que entran a partir de la segunda estrofa y que le añaden una expresividad particular a la canción.

Los momentos más bajos del disco llegan cuando el dúo se propone hacer canciones programáticas, donde la música intenta contar la misma historia que se narran en sus letras. Es aquí donde Alejandro y María Laura caen en lugares comunes y obviedades que pueden terminar aburriendo al oyente, como ocurre, por ejemplo, en la canción que cierra el disco: “María flojera”. Con todo, La casa no existe es el disco más logrado y maduro que el dúo peruano ha grabado hasta el momento, y sus defectos son ampliamente opacados por sus logros.

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