Anómala

Veronik

Independiente, 2017

Perú

Calificación: 9/10

Escribe: Rafael Valdizán

La tapa del disco te grita colores santos. Y esperas una especie de caleidoscopio, tal vez una explosión de psicodelia. Y así será. Solo que al inicio te saltará a la cara una oda a la melancolía —Crisálida—, de embriagante lobreguez. Ya a partir de la segunda pista serás privilegiado testigo de una resurrección floydiana, de huellas sesenteras y millones de colores. Anómala es el más reciente testamento de Veronik, la dama indiscutible del theremin en el Perú (pero multiinstrumentista además: toca bajo, guitarra, sintetizadores y ukelele). Recordada por su trabajo en colectivos como ValiumFuzz Don Juan Matus, ella es ya una figura en sí misma, con habilidades para resaltar y que explican por qué este nuevo disco es una obra sencillamente notable: el primer gran disco de este 2017 que recién amanece.

Los colores santos están. Pero entre todos ellos, la persistencia de las tonalidades grises reclama autoridad total. Y gracias a ese manto oscuro que somete a los demás colores, la belleza de este disco termina siendo elegíaca. Hipnosis sonora absoluta. Con el bendito theremin como estrella y rodeado de comparsa ideal: Walo Carrillo en la batería, Estefanía Aliaga en el bajo, Daniel López Gutiérrez en teclados y sintetizadores. Junto con ellos, Veronik nos conduce a una realidad paralela, a un reino de sonidos que, sin demasiada pirotecnia de por medio, consigue uno de los objetivos más valiosos y sublimes del arte en general: conmover.

Las huellas floydianas aparecen y son deconstruidas de manera formidable en pistas como Cerré los ojosTormenta o la propia Anómala. Suenan a déjà vu, pero con las particularidades del caso: y no solo hago referencia al instrumento estrella de la placa, sino también a esa manera invisible de conjugar los colores. Por cierto, también hay espacio para vuelos exóticos, como Gallinazos Adiós laberinto, que muy bien podrían ser música ambiental o soundtrack de alguna cinta de contenidos poco ortodoxos.

Casi todo es instrumental, pero Anómala baja el telón con un tema cantado: Primavera, una suerte de torre de Babel —también de instinto floydiano— que amenaza con elevarse por sobre las nubes y partir el cielo en dos. Una pieza que te reta y te zarandea pero que también te entrega ternura e ingenuidad, todo junto, y ya no sabes si quieres odiarla o darle un beso.

Escucha Anómala en Spotify:

 

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