Migraciones

Kinder

Anti Rudo Records

Perú

Calificación: 8.5/10

Escribe: Diego Pajares Herrada

“Migraciones” es un relojito. Y no me refiero a que la música del tercer disco de Kinder sea “perfecta” en cuanto a tiempo, sino al implícito tic-tac en sus canciones: un hilo conductor rítmico que redondea un trabajo compacto, una placa sólida de post-rock peruano. Ya se nos está haciendo costumbre escribir sobre este género y la consolidación del grupo integrado por Nicolas Gjivanovic (guitarra), Mariano La Torre (guitarra), Danny Wilson (bajo), Esteban Rodríguez (guitarra) y Rubén Guzmán (batería) es evidente tras la publicación de su disco homónimo en el 2010 y de “Archipiélago” (2012).

En varios temas Kinder apuesta no por sonoridades envolventes, sino por arpegios y punteos más bien muteados, matizados con eventuales solos ralentizados y distorsionados. Hay además, por supuesto, de aquellos temas con acordes entregados al delay, construidos con una batería cadente y progresiva, de onda math, como en “Oakland”, en la que la voz de Sergio Saba (Cecimonster vs Donka) rompe con efectividad el orden eminentemente instrumental de la agrupación. “La caída de los once” es quizás el track mejor logrado del disco (más adelante “Migraciones” nos pondrá difícil la elección). Ofrece una serie de variaciones que la convierten en un crisol en el que confluyen géneros como el indie, post y math rock, todos característicos del grupo. Estos dos temas, “La caída de los once” y “Migraciones” son lo mejor del disco porque suenan a que el grupo se dejó llevar por la música, fluyó, transmitió. Desconozco los pormenores de grabación del disco, pero en estos dos temas la banda se dejó guiar por la música, mientras que en el resto parece entregada a la planificación. Ambos procesos son válidos, pero Kinder se eleva cuando se deja llevar. Ese es el camino.

No sé si la gran voz de Cristina Valentina esté bien aprovechada en “Regresar”; en cambio, la de Santiago Pillado destaca en “Ballenas”, haciendo lo suyo: hablando, casi recitando, como en El Hombre Misterioso. Suma, definitivamente. El disco termina acústico, mientras “La bonita” nos despide.

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