Árbol de la vida

Flor de Loto

Azafran Media, 2016

Perú

Calificación: 9/10

Escribe: Rafael Valdizán

Uno de los trabajos más esperados del año; con un aperitivo bombástico como lo fue Regression, el tema de adelanto grabado con Fabio Lione (vocalista de Rhapsody of Fire). Y, finalmente, con el disco en nuestras manos, la sensación de plenitud: valió la pena la espera. Acabamos de recorrer las pistas de Árbol de la vida, el nuevo álbum de Flor de Loto, y solo nos queda devolverles un gesto elocuente de reverencia, con sacada de sombrero incluida, en retribución a tanta buena música. Una vez más, la banda de Alonso Herrera (voz, guitarra), Alejandro Jarrín (bajo), Junior Pacora (vientos, charango), Pierre Farfán (guitarra) y Álvaro Escobar (batería, percusión, cajón peruano) demuestra que no existen límites de exploración cuando se trata de hacer música.

Árbol de la vida es un disco 50% instrumental y 50% cantado. Ambos perfiles, intercalados. Es decir, un tema de un lado y un tema del otro a continuación, desde el principio y hasta el final. El comienzo es sin voces: Quinta dimensión abre el panorama con una atmósfera en teclados que va creciendo en tensión hasta desembocar en una travesía de paso galopante, luego rampante, para emboscarnos enseguida en un nudo temporal que finalmente encontrará resolución. La carga emocional de estos vericuetos ya anuncia que estamos ante un disco que nos va a ofrecer un tour de sensaciones y vivencias al límite.

Cabe decir que cada pieza instrumental muestra gamas distintas, y en esa variedad radica la inagotable receta de FDL. Así, Supernova se mueve entre lo misterioso, entre tonalidades grises, con momentos recios y de colisión; mientras que Elementos, de inicio lento y oscuro, nos sacude a continuación de manera pendular entre vértices de agresividad y melodía, para luego inquietarnos con un final esquizofrénico. En tanto, Décimo planeta recoge influencias de Iron Maiden en progresión de notas y en el contrapunto melódico en terceras, una magnum opus que nos conduce entre ritmos trepidantes hacia una vertiginosa caída por los rápidos de una catarata. Y está Cruz del Sur, que tiene más bien toda la majestuosidad de la música clásica, con un sustancioso aporte de Elvira Zhamaletdinova en el violín.

Entre las canciones cantadas despuntan con nitidez Odisea, que encuentra puntos de coincidencia con los españoles de Mago de Oz: es un corte de música medieval donde el tramo nace del vértigo, nos hace visitar páramos de tranquilidad, nos traga en un vórtex de ritmos sincopados y nos devuelve a la vibrante agitación inicial. Estupendo; Árbol de la vida, una obra sensacional que, en nueve minutos y medio, cubre casi todos los espectros rítmicos disponibles. Comienza como el soundtrack de una película épica y futurista, nos mete luego en un tirabuzón de ritmos diversos hasta alcanzar un paso velocísimo. Después, cajón peruano de por medio, casi nos hace sentir dentro de un carnaval de fragor latino, con un nexo posterior hacia cadencias complejas y cambiantes. El poder (y la belleza) de lo impredecible en su máxima expresividad artística.

Para darnos una idea del amplísimo espectro que maneja FDL, dos de las canciones cantadas se miran cara a cara como partes de una misma moneda, pero de rasgos ambivalentes: por un lado Fragilidad, su paisaje campestre y pastoral, de sonidos acústicos; y por otro Ciudad de la muerte, probablemente lo más heavy y sabático que hayamos escuchado de la sobresaliente banda progresiva. Los extremos de una extensísima línea de posibilidades estéticas.

Por supuesto, está Regression con la voz de Fabio Lione, del cual armamos todo un post (Ver aquí). Y está Regresión: bonus track, versión en español, con la voz de Alonso Herrera.

Con Árbol de la vida, Flor de Loto sigue escalando sin parar. El cielo es el límite. O, muy posiblemente, más arriba todavía.

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