Versos del inframundo

M.A.S.A.C.R.E.

A Tutiplén

Perú

Calificación: 6.5/10

Escribe: Francisco Melgar Wong

‘Voces del inframundo’, el disco más reciente de M.A.S.A.C.R.E., tiene pasajes más logrados que otros. Uno de los momentos más memorables, para mí, se encuentra en las partes lentas de la segunda canción, ‘Héroes olvidados’, cuya dinámica instrumental evoca algunas baladas clásicas de Maiden, como, por ejemplo, ‘Children of the Damned’. Es justamente en momentos como éste que el sonido más orgánico de la banda sale a la luz, e incluso la voz de Adrián del Águila se acopla cómodamente a la interacción entre la sección rítmica y el tejido melódico que van enarbolando las guitarras de Coqui Tramontana y Charlie Parra. Las incongruencias aparecen en la sección thrash que está incrustada al medio de la canción, ya que en lugar de añadirle intensidad al tema su inclusión suena un tanto artificiosa e innecesaria, con un patrón rítmico demasiado mecánico para el feeling que se ha venido desarrollando naturalmente desde el inicio de la canción.

En general, con la excepción del duelo de guitarras que se escenifica a la mitad de ‘Ríos de Sangre’, las secciones thrash del álbum acaban sonando un poco forzadas, con la voz de Adrián cayendo en una monocromía que aplana la ya mastodóntica marcha que los instrumentos se encargan de representar en las canciones. Lo mejor, nuevamente, lo constituyen las secciones más moderadas del disco, como la sección intermedia de ‘Morir de Pie’, donde las guitarras logran alcanzar momentos de franco lirismo metálico, o el quinto tema, la excelente instrumental ‘1985’

La sensación con la que uno se queda después de oír ‘Versos del inframundo’ es que la banda ha tratado de unificar dos tipos de sensibilidad que no siempre han sabido coexistir en la historia del metal: por un lado, el sonido más romántico y lírico que llega del rock pesado de los 70 a la primera ola de heavy metal británico, y, por otro, los patrones mecánicos y opresivos del thrash metal que surgió en California a comienzos de los años 80. La primera sensibilidad, en mi opinión la que mejor le sale a esta versión de M.A.S.A.C.R.E., es una que puede oírse en casa, sentado en un sofá, con un vaso de whisky en la mano. La segunda, por el contrario, se entiende mejor en vivo y en directo, quizás en medio de un aguerrido y demencial pogo. Esta es una disyuntiva histórica en el desarrollo del metal, una que surgió justo en la época en que se formó M.A.S.A.C.R.E., y si algo puede decirse en favor de este disco es que lleva esa contradicción tatuada en sus canciones.

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