#Mi sueño

Jack Kevin

Sonidos Latentes, 2016

Perú

Calificación: 6.8/10

Escribe: Rafael Valdizán

Folk. AOR. Pop. La línea que divide lo refinado y lo complaciente es muy delgada. Y así se corren riesgos. Si se es refinado y se conserva la agudeza, el saldo tiene fichas a favor. Si se traspasa la línea y se cae en la complacencia, se puede terminar en el fondo de un amplio bolso de lugares comunes. El caso de Jack Kevin, refrescante figura entre cantautores peruanos, tiene más de lo primero. Felizmente. Hay (y se siente) en sus canciones una intención por cuidar los aspectos fundamentales de composición. Se siente el cuidado puesto en la confección de melodías agradables; se percibe el esmero, así como la honestidad, que ha puesto sobre la mesa. En #Mi sueño, su primer trabajo, un EP de seis canciones, Jack Kevin  se nos presenta como una figura con características para resaltar: una voz de timbre amable, una apuesta por la belleza de lo simple, oído entrenado para cuidar detalles en arreglos y sonidos, sensibilidad.

El comienzo no puede ser mejor: la filigrana folk de Rostro de amor nos sitúa en un camino expectante. Atrapa la atención. Nos hace pensar en Ryan Adams. Nos hace visitar paisajes agrestes, idóneos para disfrutar bajo un cielo crepuscular, con una copa de vino y de espaldas a los problemas del día a día. De ahí en adelante, el disco es un aguja pendular entre el pop y el AOR, y nos deja con la sensación de querer volver al surco uno. Que no se nos malentienda: no hablamos de canciones mal hechas ni desagradables; es solo que tal vez esperábamos seguir el hilo conductor tras un inicio muy bien situado. De hecho, un tema como Yo no me quiero ir termina prendiendo bien de nuestros oídos, como lo podría hacer un buen tema de Mikel Erentxun. No obstante, la aguja pendular nos vuelve a cambiar de sitio. Una canción como Eres se va alejando aun más de aquel inicio bucólico y artesanal para aterrizarnos en el agitado vaivén de una pieza AOR (con trazos glamorosos) que, de nuevo, no está nada mal, pero no guarda mucha conexión con el inicio.

Ya para la cuarta pista, Diciembre, el giro se torna totalmente pop. Y es en este surco donde Jack Kevin cruza, tal vez, la línea que divide lo refinado de lo complaciente, lo cual se puede advertir con notoriedad en el edulcorado estribillo del tema, que reza: “Diciembre 98, oh oh”. El paisaje del EP no cambia mucho en las dos últimas canciones de la placa, que, sin ser melodías descartables, no logran reubicarnos en el clima inicial de la obra. No es que sean canciones que uno no quisiera escuchar, pero revelan cierta inconsistencia acerca de cuál es el recorrido estético que el cantautor quiere seguir.

No obstante estas observaciones, está claro que Jack Kevin es una figura a seguir. Este es solo solo el comienzo y madera hay. Se trata únicamente de afinar el rumbo, cosa que -estamos seguros- sabrá hacer con el paso del tiempo y la experiencia que adquiera en el camino. Le tengo fe.

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