Inmortal

Duende del Hueco

Independiente

Perú

Calificación: 8.5/10

Escribe: Rafael Valdizán

¡Prendele cartucho! La frase es de Ramón Quiroga. Y ustedes dirán, qué tiene que ver el loco en este post sobre rock. Mucho, pienso. Lo dicho por el ex arquero de la selección peruana y hoy comentarista de CMD sirve para propósitos descriptivos. Con la desfachatez que lo caracteriza, Quiroga suele lanzar esta arenga como el grito desesperado de quien sabe cómo es la nuez a algún pelotero despistado que no la emboca por falta de contundencia en el remate final. Es decir, cuando le sale un tirititito (parafraseando a un añejo narrador de partidos de fútbol), en lugar del esperado mortero que pudiese haber roto las redes rivales. Ergo, prenderle cartucho equivale al fierro a fondo en el mundo de los autos, a poner toda la carne en el asador cuando se trata de parrilleros respetados, o simplemente a emprender cualquier quehacer con todas las fuerzas disponibles que permitan derribar obstáculos, aniquilarlo todo al paso, dejar el camino despejado y alcanzar la meta propuesta.

Ahora, ¿cómo llegamos con esta analogía al nuevo disco de Duende del Hueco? Siempre que comento discos tiendo a dejarme llevar por el lado emocional. Puedo hacer referencias de tipo técnico, puedo tejer algunas conclusiones a partir de algún razonamiento surgido de un cálculo frío o intelectual, puedo encontrar explicaciones acerca de influencias o evolución del sonido a través del tiempo, etcétera. Pero cuando la música trasciende todo esto y me despierta reacciones más hondas, esas que tienen que ver con las emociones, ahí es cuando digo, simplemente, me rindo. Con Inmortal, el tercer disco de Duende del Hueco, me pasa esto. La sensación general que me deja es que el trío ha prendido cartucho: ha elaborado un bolsón de canciones-bomba capaces de explotar y generar un paisaje derruido, plagado de escombros. Un disco mortífero.

Pero no se piense que hablamos de decibeles o de armas demasiado evidentes para aparentar una propuesta demoledora. Quiero decir que no se trata de envolver las guitarras en fuzz, subir el volumen, pegar de alaridos. No, no es cosa de ruido. Es cosa de actitud. Y es cosa de haber encontrado los ingredientes necesarios para que todo sea creíble. Así, incluso un tema que es en rigor una balada, como Tiempo, también suena contundente y frontal. Con mayor razón, aquellas canciones que, por su naturaleza, son más agresivas. Y es que la banda formada por Manuel Umbert (bajo y voz), Julio Ramírez (guitarra) y Mauricio Fernández-Maldonado (batería) es, antes que nada, un acto de rock duro. Un hard rock que tiene de garaje pero también de recursos adicionales que les dan un plus a sus composiciones: muy interesantes arreglos vocales e instrumentales, además de letras que apuestan por la profundidad, que sin duda colocan este trabajo a una estatura muy relevante. Todo esto con un sonido actualizado y ejecutado con solidez y aplomo suficientes por los músicos, de modo tal que no hay fisuras ni rellenos innecesarios.

Entre los temas más resaltantes (aclarando que no hay puntos bajos), puedo citar Indiferencia (que abre la placa), Locura, Solo (que tiene un perfil más cercano al metal tradicional), Barro (con un aplicado golpe de bajo como estructura)el mencionado Tiempo (que también aparece en versión acústica como bonus track), además de Funeral (de inicio pesado y marcial, y de giro vertiginoso) y, por supuesto, Inmortal, la pieza central del disco. Lo dicho: cartucho prendido.

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