Un día nuevo en Londres

Libido

Independiente

Calificación: 9.2/10

Escribe: Pajares Herrada Diego

“Un día nuevo” era mi disco favorito de Libido. Por muchas razones. La primera tal vez era porque significaba un regreso al estilo de los dos primeros de la agrupación nacional, “Libido” y “Hembra”. Pero no solo eso. “Un día nuevo” tenía aquel componente de nostalgia que -a título personal- me atraía demasiado. Era un álbum al cual siempre se podía volver, un oasis después de los desafortunados “Pop*Porn” y “Lo último que hablé ayer”, el signo de que la esencia de la banda peruana más importante de finales de los noventa y la primera década del nuevo milenio seguía intacta.

Pero no solo de nostalgia vive el hombre. “Un día nuevo” era bueno en muchos niveles. Libido había vuelto a ser divertido, pero siendo tomado en serio, ligeramente rockero (el “ligeramente” es un elemento que agrego recién hoy, en su momento me pareció simplemente “rockero”. Ya me explayaré en eso más adelante) y con personalidad gracias a canciones como “Malvada”, “Mi mente explota” y “Disparar”, arriesgadas por los matices que presentaba la voz de Salim, que hacía gala de su buen instrumento vocal de una manera excelente en esta placa.

Y no puedo dejar de pensar que el disco tiene, además, un componente paradójico sorprendente: me pregunto si Salim Vera, Toño Jáuregui, Iván Mindreau o Manolo Hidalgo se imaginaron el escenario actual de Libido cuando cantaban “Nadie sabe lo que vendrá”. O si han hecho suya, sobre todo en el contexto en el que se encuentran hoy, que “cada tiempo es un día nuevo”. Quizás esté leyendo demasiado entre líneas, pero “Un día nuevo” es (o se terminó convirtiendo en) el réquiem de un grupo que hoy ha dejado de existir opacado por la ya conocida disputa entre sus fundadores. Pero el ánimo de este comentario no es debatir qué es y qué no es Libido.

El lector atento se habrá dado cuenta que al inicio de este artículo escribí que “Un día nuevo” ERA mi disco favorito de Libido. Pues eso quiere decir que ya no lo es, y aquí entraré en un terreno complicado. Toño Jáuregui acaba de lanzar “Un día nuevo en Londres” el cual es, básicamente, el mismo disco publicado por Libido pero en una versión -la primera, según cuenta Toño– mezclada por el productor Duane Baron en Londres.

Ahora, es imposible no comparar ambos productos. Dudo que alguien más aparte de Salim o Manolo (y algún grupo seguidores de la banda, supongo) piensen que la primera versión, la que fue editada en su momento, sea mejor que la segunda, que está disponible ahora mismo en Spotify.

Lee el comentario escuchando el disco AQUÍ.

Va a ser un poco duro lo que voy a escribir, pero debo ser sincero. “Un día nuevo en Londres” hace parecer a “Un día nuevo” un disco sin terminar. Es la Coca-Cola versus la Kola Real, los universitarios ante los escolares de primaria. La diferencia es muy grande. El Libido de “Un día nuevo en Londres” es un grupo rockero, el que estábamos esperando muchos y que nunca llegó (nótese cómo no se puede evitar hablar en paradoja), mientras que el Libido de “Un día nuevo” es uno de gustos básicos más orientado al pop que ostenta guitarras para ganarse el apellido “rock”. Pop rock le dicen.

Es interesante notar que lo diferente entre un disco y otro es básicamente la mezcla. Desconozco se se volvió a grabar algo entre la primera y segunda, pero el énfasis en cada uno es completamente distinto. En “Un día nuevo en Londres” la batería y la guitarra -sobre todo esta última- tienen un sonido soberbio: con peso, compacto… hasta los efectos elegidos para las cuerdas son indicador de un gusto particular (no dejo de pensar que le han dado tema de trabajo de tesis a algún ingeniero de sonido que se anime a comparar ambas mezclas). Hay más agresividad en el Libido de Londres. Desde Salim, que hace gala de una voz que deja en claro el gran vocalista que es, sobre todo en canciones como “Malvada”, en donde se mete unos gritos que dejan a uno con la boca abierta y que en la versión de “Un día nuevo” se “chupan”, suenan más opacos… no sabría cómo explicarlo técnicamente, pero es obvio que en la producción que vio la luz en su momento se aguantó mucho esta explosión rockera y hasta se cambiaron algunos efectos (la distorsión en la primera versión de “Cielo apunta bajo” queda muy mal comparada con la que se usa en la segunda versión).

Tema por tema la historia se repite: “Enloquece” y “Mi mente explota”, con eminencia rockera, rememoran lo mejor y más divertido del rock and roll, un estilo Rolling Stone si se quiere, impecables. Lo que hacen los buenos riffs de cuerdas… “Sentir que hoy”, “Nadie sabe lo que vendrá”, “Octubre” y “Cielo apunta bajo” ganan en cuerpo, dramatismo, nostalgia rockanrolera. “Malvada”, resistida por muchos, adquiere una dimensión insospechada ante la primera (y ahora segunda) versión, la cual empezaba con rasgueo de guitarra que parecía más bien un charango. Aquí derrocha energía, puro rock and roll.

Lo que fue, lo que es, lo que pudo ser. Lamentablemente terminaríamos hablando de eso. Pero cierto es que tenemos ahora este disco de Libido que, así no queramos, representa lo que pudo ser Libido. Ahora, por lo pronto, tenemos retazos de la banda. De diferentes estilos, para todos los gustos. A mí, por lo menos, me gusta este bache espacio-temporal.

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