II

El Aire

A Tutiplén

Perú

9/10

Por: Francisco Melgar Wong

JJ Castro me recuerda a Miles Davis y a Neil Young.

El parecido entre Miles Davis y el líder de El Aire es más o menos obvio. Y aquí una alegoría astronómica puede venir al caso. Imaginen un sistema solar en el que distintos planetas van tomando el lugar de otros sin alterar su órbita. Con cada reemplazo el sistema cambia sus propiedades y sus elementos; pero su mecánica intrínseca y su fuerza gravitacional siguen siendo las mismas, dirigidas, moduladas y arregladas alrededor de su único sol. Las trayectorias de Miles y JJ siguen este mismo patrón. Se trata de los líderes indiscutibles de bandas que renuevan su visión y su propuesta a través de músicos más jóvenes, que entran y salen de una estructura que él propio líder ha diseñado para sí mismo. Claro, aquí no hay mezquindad, ni egoísmo, ni mala fe: el aprendizaje se realiza en ambas direcciones, y la música es el resultado de este intercambio de experiencias y personalidades.

El parecido con Neil Young es menos obvio, aunque no por eso menos revelador. Y este parecido es el que nos lleva directamente a “II”, el disco que JJ empezó a componer en 1996 con la primera formación de El Aire, y que -veinte años después- ha terminado de grabar al lado de la formación más reciente de la banda.

El tema va por aquí.

Si uno presta atención al estilo vocal de JJ, a su fraseo y a sus inflexiones -y esto hay que afirmarlo con cuidado – entonces, tarde o temprano, uno termina descubriendo la deuda que su estilo vocal mantiene con el rock español. La analogía es la siguiente: al igual que Neil Young, cuya forma de cantar nunca se alejó del arrullo sesentero que descubrió al lado de Crosby, Stills y Nash -y que Young llevó a un nuevo extremo de fragilidad, ternura y psicosis a lo largo de su propia discografía- la forma de cantar de JJ guarda similitudes con la de Wicho García y Pelo Madueño, sus contemporáneos, que también fueron influidos por la movida española de los años 80. Ahora, ¿dónde radica la diferencia entre ellos? Para empezar, ahí donde Wicho y Pelo encontraron una zona de confort gracias a una forma de cantar canónica y correcta, JJ aprovechó sus propias limitaciones vocales (con una dosis saludable de Iggy Pop y Lou Reed, por supuesto) para desarrollar una incorrección vocal llena de emotividad expresionista. Esta característica es lo que volvió a El Aire una banda alternativa, seminal, única, y no sólo una banda más de rock peruano noventero. Claro, esta emotividad expresionista no sólo se despliega en la voz de JJ, sino también en el modo de tocar sus instrumentos de todos los músicos que han pasado por el grupo, quienes se valen de efectos, ritmos sincopados, atmósferas, caos, azar, etc. para darle forma definitiva a la propuesta de la banda.

Esta peculiar aproximación a la música puede oírse de manera clara y magistral en la versión final de “II”, que acaba de ser puesta a la venta por el sello local A Tutiplén.

Enumerar las canciones y sus características me llevaría a repetir lo dicho hasta el momento, así que no lo haré. En general, se puede decir que el disco está integrado por canciones que mantienen una unidad coherente a pesar de poseer distintos estilos, y que han sido compuestas y ejecutadas por un grupo de personas con un inmenso conocimiento musical que no cae ni en el virtuosismo vacuo ni en las meras ganas de impresionar. En “II”, así como en casi todos los discos de El Aire, hay un ánimo sincero de experimentar para descubrir lo que los músicos son capaces de expresar si ponen al límite sus propias capacidades.

La música, así, de manera general, trata de emociones: esto es: de músicos que usan su talento e inteligencia para propiciarlas, así como de oyentes que se conectan con sus propios sentimientos al escucharlos. La gran virtud de “II” es la de propiciar en el oyente más emociones de las que en un primer momento éste creía poder sentir, y también, quizás, más posibilidades expresivas de las que los músicos tenían al momento de empezar a grabar. Esa es para mí, en pocas palabras, la esencia de El Aire. Y esa es también la sensación que me deja “II”: que cuando vuelva a escucharlo descubriré algo nuevo, algo que no había escuchado la primera vez que lo escuché.

¿Acaso no es eso lo que vuelve clásico a un disco?

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