Miserables

Conflicto Urbano

Independiente, 2015

Perú

Calificación 7.6/10 

Escribe: Rafael Valdizán

Matar o morir: esa es la idea. En pocos minutos, Conflicto Urbano deja en claro su razón de existir; esta es: instalar una atmósfera de guerra en la que matas o mueres, con una urgencia tal que todo discurre como el abrir y cerrar de ojos. No hay por qué extender la agonía, se trata de soluciones rápidas y definitivas. Así, en lenguaje hardcore. Así transcurre su EP Miserables, como morteros devastadores que persiguen la finalidad de toda guerra: subsistir o morir en el intento. Son episodios muy breves, cinco en total, en los que despliegan todo el arsenal a mano y así meter golpe, barrer con las líneas de enfrente, aniquilar.

Los beneficios de escuchar a una banda como Conflicto Urbano son incluso psicológicos, casi una terapia conductual para ahuyentar demonios interiores o viejos traumas de infancia.

Las armas: gruesas guitarras en acordes cerrados, en quintas; voces cargadas de ira; bases rítmicas acorazadas; velocidad, poder, agresividad sin tregua. Los acordes de guitarra se alimentan de fuentes extremas con las que, conscientes o no, revelan alguna influencia tipo D.R.I.Slayer (como en los riffs pesados de Volver a empezar), el primer Metallica del Kill ‘Em All (como en No me importa) o incluso Motörhead (me lo sugiere el carácter básico e inapelable de un tema como PTD). Claro, estos paralelos dependen de la predisposición con la que uno escuche la placa. Como sea, y viendo las bandas que menciono, podrán darse una idea de por dónde camina (o mejor: corre) Conflicto Urbano.

El EP, en su totalidad, no requiere de más de 15 minutos para encarar a quien decida ponerse del otro lado del parlante. Son temas de una brevedad acorde con la idea de pelear y noquear (no ganar por puntos). Cuatro de ellos precisan de poco más de 2 minutos para redondear la faena y solo Permanecer sobrepasa ligeramente los 3 minutos para efectos de la demolición. Y está bien así. Las canciones son crudas, sin artilugios innecesarios, sin siquiera solos de guitarra, no hay por qué: para asestar un buen golpe no se necesitan métodos rebuscados, sino sorpresa y efectividad.

Y la banda, integrada por Willy Chilmaza Medina (guitarra), César Gutiérrez Muñoz (batería), Kenneth Quiroz Menacho (bajo), Erlyn Correa Cruz (guitarra) y César G. Carbonel (voz), defiende una postura de confrontación mediante una fórmula tanto austera como rotunda que no tendrá problemas para devenir en una generosa sesión de catarsis, un ritual de liberación de emociones contenidas, sea que odies, te sientas frustrado o reprimido y quieras vomitar tus vísceras a modo de reivindicación personal o simplemente estés enojado: el beneficio es el mismo. Los beneficios de escuchar a una banda como Conflicto Urbano son incluso psicológicos, casi una terapia conductual para ahuyentar demonios interiores o viejos traumas de infancia. Ponlo a 10.

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