Suicida de 16 y otras canciones

Rafo Ráez

Navaja (primera edición) Post Under (reedición)

Perú

Calificación: 8.3/10

Escribe: Oscar Bermeo Ocaña

En 1995 el rejunte de Leusemia erigió las columnas para una refundación en el rock subterráneo. La facción más visceral parecía bien representada en las punzantes letras del grupo de Mirones. Sin embargo, había una voz que proponía un desvío más allá de la pulsión. En el demo “Si pudiéramos vivir” (1994), Rafo Ráez esgrimió un estilo elástico y ecléctico. Dos años después, la aparición de su primer disco “Suicida de 16 y otras canciones” (en formato casete) mostró una versión mejorada de ese poder expresivo inusual en la escena.

Rafo irrumpía con la necesidad de contar, de “decir algo”. Sus letras traían situaciones y personajes. En su lírica podía evidenciarse una narrativa similar a relatos cortos, con un nudo central y desenlaces. “La inocencia primaria del diablo”, “Inicialmente llamado sexo y vida”, “Dr. Merengue” o “Suicida de 16” son lúcidas expresiones de esa facilidad compositiva. Por su intención liberadora, canciones como éstas empataron rápidamente con los jóvenes de la época, hijos del terrorismo en una sociedad que se sumergía cada vez más en la lógica consumista.

La proximidad se reafirmaba en los shows en vivo, vibrantes encuentros de hordas que buscaban desfogarse con un veinteañero de look grunge que jugaba a ser su vocero. Rafo, sin quererlo o no, se volvió un ícono de esa época en la escena subte. Cada fin de semana, en esas citas de cofradía, cargadas de familiaridad, fue incrementando su influencia.

En este disco Rafo sentó el sello de esa trova rockera que seguiría desarrollando en futuros discos. Ahí aparece el amor, el otro gran vector de su obra. No tuvo miedo de cantarle. Parecía decirnos que en la rebeldía también había espacio para la sensiblería mundana. Se podía asomar romántico sin la concesión comercial. “Cuanto de mí es sólo tu voz encarnada en mí” y “Al amor se ha dicho” se convertirían en himnos de esa línea.

Reducir el valor de esta producción a un inquieto manejo de tonos sería impreciso. Tuvo un uso social más amplio.

El álbum nos presenta varios Ráez. Destaca la versatilidad y la facilidad para cambiar de registros (punk, guitarra ayacuchana, rock and roll, grunge, pop, trova). Pero reducir el valor de esta producción a un inquieto manejo de tonos sería impreciso. Tuvo un uso social más amplio. Muchas canciones de este primer puñado, pese a no estar repletas de alusiones explícitas al poder político, fueron retomadas por su carga simbólica en los actos de resistencia y defensa democrática. De hecho, Rafo fue uno de los actores más activos de la escena local en el agitado final de los 90.

“Suicida de 16 …”, como todo disco referencial, no estuvo exento de divergencias. Rafo colocaba a la pretensión compositiva en el centro de debate. Muchas de sus letras le rehuían a la literalidad y planteaba metáforas que le costaron, por parte de algunos, el calificativo de “incomprendido”. Un sector crítico evidenciaba en algunos temas cierta vanidad artística. Visto en perspectiva, encontramos que la persistencia de Rafo forjó un camino. A pesar que no se han registrado émulos fieles de su obra, no pocos cantautores de hoy lo reconocen como una influencia ineludible.

Veinte años después, una relectura (o re-escucha) de “Suicida de 16 …” debe eludir los criterios estilísticos (el canon de la crítica musical) y ahondar en su marca más significativa: un disco que funciona como testimonio de una época. 15 canciones que marcaron una disrupción en la escena local.

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