Antiamor

Ni Voz Ni Voto

Independiente, 2015

Perú

Calificación: 7.8/10 

Escribe: Rafael Valdizán

No me pidan objetividad. Tampoco es mi intención pontificar en aras de una posición inmaculadamente imparcial. En esa enorme (e irregular) telaraña que es el rock peruano, uno tiene sus preferencias. O, por decirlo de un modo menos comprometedor, sus gustos o debilidades. Considero a Ni Voz Ni Voto una banda a la que le tengo camote: no se piense que esta confesión obedece a algún capricho arbitrario. He seguido a la banda desde que, a fines de los noventa, me inquietó dentro de una de las ediciones del concurso de rock que organizaba la Municipalidad de Miraflores. Creo que era 1999. Han transcurrido más de dieciséis años, cinco discos en estudio, uno acústico. Y a cada paso he asimilado sus triunfos, sus bajones, sus reajustes, su resurrección: Rockstar Rebelión (2012) fue la vuelta de tuerca, luego de ocho años de silencio. Y, en cada momento, he estado del otro lado de la vereda, aguardando, atento, a la pesca de una seña o del comienzo de una madeja que condujera a los diversos presentes del grupo.

El último esfuerzo de la banda conducida por Claudia Maúrtua (voz/ guitarra) y Walter Cobos (guitarra) lleva el membrete de Antiamor y salió a las calles a medio camino del año pasado. Pero no he querido dejar de pronunciar mi opinión sobre este quinto disco del cuarteto, que hoy completan Kenneth Quiroz (bajo) y Pepe Pinedo (batería). Nunca es tarde, dicen. Así que me permitirán soltar unas líneas.

Así es, el disco es gris. Y claustrofóbico. Y, en ese sentido, continúa el camino que NVNV ha propuesto desde sus orígenes.

El nombre de la obra, Antiamorencierra el absolutismo de una posición contraria al ideal convencional de un sentimiento que suele elevarse por encima de todos los demás y que, no siempre pero en muchos casos, es sobrevalorado. El amor lo es a veces todo. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, dice la Biblia en 1 Corintios 13:4-7. Pero lleve, usted, esa perfección a la vida real, cotidiana, y de seguro verá, con pelos y señales, que el amor a veces no es tal. La complejidad de las emociones humanas ofrece carta libre para que aparezca, con todas sus cualidades, el desamor. Peor aún: la indiferencia, el desdén, el odio. Aunque haya quienes odio quieran más que indiferencia. En fin, todo eso es antiamor.

Un concepto así de fuerte es preciso escenario para que un puñado de canciones, las que componen Antiamortome forma y se expanda como un virus de oquedades y oscuridad pintando de gris todo el disco. Así es, el disco es gris. Y claustrofóbico. Y, en ese sentido, continúa el camino que NVNV ha propuesto desde sus orígenes. Una banda ajena a los reflectores, inconforme, a la sombra, con mucho que decir (y denunciar), pero probablemente sin ánimo de proponer salidas o soluciones vigorosas. Así, uno termina encerrándose con ellos, con su música, mordiendo la amargura y, por qué no, enloqueciendo. Un terreno para muchos inhóspito. A mí me viene como anillo al dedo. 

La placa está colmada de canciones dramáticas (como deben ser, si respetamos el concepto global del no amor). Y es cosa de dejarse llevar, a sabiendas de que podríamos insertarnos en las honduras de un alma desgarrada. Me gustan canciones como Tormenta, Antiamor, Locura, Funeral, Tu política… incluso esos arranques inusitados de velocidad que marcan el paso de un agitado Rehab. La furia, a veces contenida, rebosa el frasco y se impone, a la fuerza, con el peso de su ley; la ley del más fuerte. O, quien sabe, la ley de quien tiene la razón.

 El disco está disponible en este enlace.

Anuncios