Cuchillazo

Recaer

Cósmica Discos

Perú

Calificación: 7.5/10

Escribe: Rafael Valdizán

Lo nuevo de Cuchillazo ha salido a la luz como si lo hiciera un facineroso de prisión. Desde el primer surco de Recaer, su quinto álbum, uno queda inerme, entregado y sorprendido como si de un atraco se tratara. Imagina que vas caminando por una calle solitaria, al caer la noche, y de pronto doblas la esquina y te ves cara a cara con un tipo cuya identidad está guarecida bajo un pasamontañas, blandiendo un arma blanca, dispuesto a arrebatarte la billetera, el smartphone o la vida. El golpe es efectivo: Alacrán inicia la placa con cierto sigilo, a la sombra, para luego elevar la intensidad, como una persecución. En adelante, intercala momentos de tensión y adrenalina desatada; un gran tema. Y es solo el inicio.

Nicolás Duarte (guitarra y voz), Rafael Otero (bajo) y Capi Baigorria (batería) han configurado un trabajo que explota el costado visceral del rock: el músculo, las venas, los latidos, la piel. No vamos a encontrar exquisiteces ni una generosa paleta de matices tonales. Uno sabe a lo que se mete. Recaer es una confrontación constante, es una mano cerrada alrededor de tu cuello. Un puño firme sobre tu pecho. Y de pronto te verás entre la espada y la pared. O te sumas a la danza de la muerte o te verás metido en serios problemas. Cualquiera sea el caso, la vas a pasar más que bien.

Recaer es una confrontación constante, es una mano cerrada alrededor de tu cuello.

Luego de Alacrán, Cuchillazo te suelta más leones dentro de la jaula, sea mediante afrentas rapeadas y de cadencia funk como en El baile de los muertos o Como una mula, o con la feroz acometida garajera de Sálvennos. Siempre con guitarras ásperas, a veces enfundadas en wha-wha, y una base rítmica de contextura rocosa. Mientras, la voz de Nicolás, airada, suena siempre a denuncia con megáfono: no solo por sus fraseos atropellados, sino en virtud a letras que, en buena cuenta, son como dedos acusadores y desafiantes.

Cuchillazo puede sonar por momentos a Rage Against the Machine o en menor medida a Queens of the Stone Age o tal vez a Foo Fighters (lo que habla de una bisagra entre fines de los noventa y el nuevo milenio). También bordea ritmos aledaños como el reggae. Un examen más exhaustivo podría desempolvar, incluso, huellas casi arqueológicas: el espíritu de Led Zeppelin late soterradamente en el armazón de una buena cantidad de canciones.

Pero más allá de similitudes o parentescos, lo que hace de Recaer un disco para llevar es que no tiene pierde en cuestiones de intensidad: el power trio logra el cometido de sacudir cuerpos y conciencias. Remece, te mueve el piso. Queda dicho: como lo aterrador de un atraco en la vía pública, pero con la consabida recompensa de vivir una experiencia al límite. Canciones como Mal enterrador, Pecho a tierra Joven bomba (que continúa el capítulo de Niño bomba, incluido en el álbum Tecno-furia) te emplazan, te persiguen respirándote en la nuca, pueden golpearte y todo lo que más temas. Pero no te pueden resultar indiferentes.

Escucha el disco AQUÍ.

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